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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Crítica: Rear Window (La ventana indiscreta), de Alfred Hitchcock

 

Nacidos para espiar

Jeff (James Stewart), es un fotógrafo profesional, que a causa de un trabajo que se tomó demasiado a pecho, terminó con una pierna enyesada que lo obliga a permanecer con reposo en su departamento durante más de seis semanas, con la única compañía de su enfermera Stella (Thelma Ritter), y las visitas de su novia Lisa (Grace Kelly). Es verano en 1954, una ola de calor azota Nueva York y, como la televisión aún no se había masificado, la mejor pantalla que tenía para entretenerse era su ventana trasera. En la parte posterior de su edificio hay un patio común que comparten los demás inmuebles de la misma cuadra, y en ellos sus vecinos viven rutinariamente sus vidas.

Hitchcock, un maestro que perfeccionó el género del Thriller, nos presenta así la vida de gente común y corriente, todo a través de los ojos de nuestro protagonista: una pareja de recién casados que llega a vivir a su nuevo departamento; una escultora de edad que, entre obra y obra, duerme su siesta en la terraza; la solterona deprimida que tiene claro que se le está yendo el tren; el matrimonio de edad que discute constantemente, etc. Nada fuera de lo común, hasta que somos testigos de lo que podría ser un homicidio.

En esta cinta, cuyo principal eje es el vouyerismo, y que ha sido parodiada y homenajeada en varias ocasiones, el director de Vértigo nos intenta decir que, muchas veces, es mejor no meterse en lo que no nos importa, por difícil e inevitable que eso sea, poniéndonos a nosotros, los espectadores, en un lugar envidiable para convertirnos en mirones de primera. Y esto lo logra utilizando el gran acierto técnico de colocarnos siempre en la misma perspectiva que la del protagonista, siendo poquísimas las ocasiones (contadas con los dedos de una mano), en que la cámara realiza una toma desde un punto distinto al departamento de Jeff. Con esto manipula al público, pues al estar la cámara fija prácticamente en un solo lugar, la información que disponemos es limitada, haciéndonos sentir en carne propia lo mismo que sienten los personajes principales, que a través de sus ojos, sin necesidad de diálogos explícitos, nos hace especular y sospechar las mismas cosas que ellos.


Rear Window, como todas las cintas de Hitchcock, requiere paciencia, pues como en la gran mayoría de sus películas, los detalles sobre el rumbo de la trama van cayendo de a poco, pero esta es la gran virtud de su director, experto en ir aumentando constantemente la tensión en sus obras, para finalmente golpearnos con un mazazo en el estómago y recompensarnos con finales de antología. El resultado es entretenidísimo, logrando mantenernos al borde de nuestros asientos utilizando únicamente su talento para narrar bien una historia, sin necesidad de recurrir a destajo a situaciones inverosímiles o a exceso de efectos especiales.

Si bien a lo largo de su obra el director inglés no buscó mostrar algo más allá de lo que explícitamente mostraba en cámara, y las críticas que ha recibido este filme han ido más que nada por el lado de que, para algunos, resulta inverosímil que las personas hagan sus vidas en sus casas con las ventanas y puertas abiertas, a vista y paciencia de todos, es notable ver cómo hoy, año 2014, existan páginas de internet en dónde la gente, gratuitamente, y como si fuera lo más normal del mundo, expone las vidas, la intimidad, los viajes, las comidas y hasta los pensamientos propios, creyendo (o queriendo creer), que a alguien le importa.

De esta forma, en Rear Window puede encontrarse un estudio sobre la soledad urbana, en un mundo en que todos viven aglutinados en las ciudades, separados por veinte centímetros de concreto los unos de los otros, en que a nadie le importa mostrarse como quiere mostrarse, porque a decir verdad, como en nuestra sociedad occidental el individualismo es la norma, tampoco nos importa quién es, de donde viene, ni qué es lo que le pasa al otro. Aunque de un homicida se trate.

Título: Rear Window (La ventana indiscreta)
Director: Alfred Hitchcock
Guión: John Michael Hayes
Duración: 112 min.
Año: 1954
País: EEUU
Idioma: Inglés
Nota: 8/10

martes, 16 de diciembre de 2014

Crítica: Casablanca, de Michael Curtiz



Los dinosaurios del cine 

Hay películas que aparecen en un momento específico de la historia y que, muchas veces sin querer, y sin que siquiera su propio equipo creativo lo esperara, se convierten en clásicos imprescindibles del cine. Le pasó a Kubrick con 2001: A Space Odyssey (1968), que apareció en el auge de la carrera espacial y en la cúspide contracultural lisérgica de los años sesenta. Asimismo, hay otras películas que conscientemente aparecen en un momento dado y que, contra todo pronóstico, se convierten en espejos de los temores y/o anhelos de una época, como en el caso de Fincher, al reflejar el espíritu competitivo de toda una generación, desesperada por destacar en un mundo cada vez más globalizado, en The Social Network (2010).

¿En cuál de estas dos perspectivas encaja Casablanca?, ¿por qué motivo se convirtió en el clásico que todo el mundo, cinéfilos y neófitos por igual, reconoce como tal? Y es que es difícil saberlo, puesto que hay algo de ambas cosas. Ciertamente los estudios Warner no tenían ninguna expectativa especial al momento de su estreno, pero el hecho de que éste se produjese el 26 de Noviembre de 1942, para coincidir con la invasión aliada del norte de África en la segunda guerra mundial, claramente fue algo intencionado.

Pero, dejando eso de lado, ¿esta película habría funcionado de haberse estrenado, digamos, cuarenta años después?. Fue lo que quizo saber en 1982 un periodista de la revista American Film, que tomó el guión, le cambió el nombre a algunos personajes y al título y envió el manuscrito a más de 200 agencias, de las cuales únicamente 3, sin saber que realmente se trataba de este "clásico de clásicos", la declararon "económicamente viable".

La verdad sea dicha, Casablanca es una buena película. Tiene una notable dirección, fotografía, montaje e incluso actuaciones, en que la pareja de Bogart-Bergman destacan de forma soberbia. 

Humphrey Bogart interpreta a Rick, el dueño y administrador de un bar del mismo nombre en la ciudad marroquí de Casablanca, lugar en dónde se concentra la élite europea que, en un desesperado intento por abandonar la Europa ocupada por los Nazis, espera interminablemente por conseguir de alguna forma abordar el avión que, escala en Lisboa de por medio, les permitirá escapar de la guerra hacia Estados Unidos. Rick se nos presenta como un tipo arisco, duro, cínico y antipático. Así, interpreta al chico duro por fuera que guarda, bien en el fondo, un corazón sensible y herido. Todo cambia, claro está, cuando sin esperárselo aparece ante su puerta Ilsa, personificada por la bella Ingrid Bergman, con quien comparte un pasado que bien le gustaría que estuviera enterrado para siempre.


"De todos los bares, de todas las ciudades, de todo el mundo, ella entra en el mío". Suspirar. Levantar el vaso de Whisky y tomárselo de un golpe. Balancear la cabeza y dejarla caer sobre el brazo apoyado en la mesa... inmortal.

La película triunfa en mostrar el sentimiento de incertidumbre latente en EEUU y en el resto del mundo "aliado" a finales de 1942, en que el avance de Hitler por toda Europa había sido incontrarrestable, conquistando territorios a base de su guerra relámpago, doblegando a Polonia, Bélgica, Holanda, Noruega, Francia, la península de los Balcanes, el norte de África, etc. Es comprensible entonces por qué fue un éxito inmediato. Es entendible por qué caló tan profundo en los espectadores, que muy seguramente se agolpaban en las salas de cine a ver una cinta de factura impecable, que era capaz de transmitir de manera evidente la angustia de sentirse atrapado en un conflicto de final incierto, en que el enemigo está por todas partes, con pocas victorias para el bando propio. 

La batalla por la ciudad de Stalingrado estaba lejos de terminar, se vivía el cenit de la guerra y, meses después, luego de la victoria de las tropas rusas en el Volga, la guerra se extendería aún por otros tres años. Casablanca, en este sentido, ciertamente dió en el clavo.

Pero dejando esto de lado, ¿aporta algo esta película el año 2014 a alguien que no vivió la guerra o que no nació en un país involucrado directamente en el conflicto? Lo repito: Es una buena película. Pero a la hora de evaluarla, lejos de cualquier tipo de sentimentalismo histórico, no está muy claro que sea la obra maestra que muchos predican que es.

La verdad es que el eje central de todo, la relación pasada entre la pareja protagonista, no es tan contundente como para sostener a esta cinta durante los 102 minutos que dura. Quizás al guión le faltó alargarse un poco más en ese sentido, pues luego del flash-back que nos muestra la relación que tuvieron años antes en París, queda una sensación de desproporción en la reacción de Rick hacia Ilsa. 

No digo que un corazón roto no sea causa suficiente para no querer volver a ver más a una persona. Lo que digo es que cuando se muestra de manera tan pobre y resumida, no hay oportunidad de conectarse sentimentalmente con los personajes. Cuatro o cinco escenas en un lapso inferior a cinco minutos sencillamente no son suficientes para meterse en el corazón del protagonista. O sea, cuando el desamor sufrido a causa de otro es la principal motivación para actuar como se actúa, para mover los engranajes de la trama a lo largo de más de una hora y media, en mi humilde opinión de crítico amateur en un blog perdido en Internet, debiera haberse pulido con más esmero por los guionistas.

No quiero que alguien me crucifique por desmerecer a uno de los más grandes clásicos de la historia de Hollywood, ciertamente este aspecto es suplido por muchas otras aristas que he pasado por alto, pero si se pretende analizar algo más allá del fanatismo, objetivamente hay que hacerse cargo de todos los aspectos técnicos y evaluar una película como un todo, no únicamente por el contexto en que fue concebida y estrenada. 

Así y todo, Casablanca, con todos sus defectos y virtudes, sigue y seguirá siendo, a más de 72 años de su estreno, un clásico incombustible.

Título: Casablanca
Director: Michael Curtiz
Guión: Julius J. Epstein, Philip G. Epstein y Howard Koch
Duración: 102 min.
Año: 1942
País: EEUU
Idioma: Inglés
Nota: 7/10